Jade observó con pesar la maleta que se encontraba abierta sobre la cama.
Con lágrimas en los ojos, sacó el primer vestido de su armario y luego otro y otro.
Toda su ropa era doblada y depositada con cuidado en la maleta.
Aquella era una labor mecánica.
Alisar, doblar, acomodar.
Todo lo hacía minuciosamente.
Pero la realidad era que su mente no estaba en dicha tarea, su mente estaba en otro lugar, en lo que significaba hacer todo aquello.
Aquel era el final.
Tendría que irse.
Desaparece