—No me iré de aquí sin ella —rugió Adriel de vuelta.
—Sí, te irás de mi casa inmediatamente —le dijo Fabián acercándose y tomándolo del cuello de su camisa para inmovilizarlo. Pero el muchacho no estaba mirándolo, sus ojos seguían fijos en Jade como esperando que se retractara de sus palabras anteriores. Pero la chica no lo hizo. Ella esquivó su mirada y entonces supo que estaba solo en esto. Y que si quería llevársela, tendría que ser por las malas. No había otra manera.
En ese momento, los o