Cuando su esposo finalmente desapareció de la propiedad, Jade se desplomó en los brazos de su madre, completamente sin fuerzas ni energías. Lo único que quería era llorar durante horas e intentar borrar el horrible momento que había presenciado. Pero eso, aparentemente, sería imposible. Aquella imagen grotesca de su padre y su esposo peleando quedaría grabada por siempre en su memoria. Recordándole, día a día, el tipo de hombre que era Adriel, y si bien no lo amaba, siempre lo había querido como