Cuando Jade abrió los ojos a la mañana siguiente, se encontró acostada encima de su esposo. Ambos estaban abrazados, con sus cuerpos entrelazados, como dos amantes que habían compartido la mejor de las noches.
De repente, sintió vergüenza de su desnudez y al rememorar todo lo sucedido entre ambos, pero, luego, recordó que aquello era lo más normal del mundo, lo que debió de suceder desde un inicio en su matrimonio, así que mantuvo la calma y sonrió anchamente.
Su esposo acarició su espalda con