Natalia estaba harta.
Tenía una pila de dibujos sobre la mesa de su escritorio.
Normalmente, esas pequeñas obras de arte realizadas por sus hijos no le disgustaban, por el contrario, le enternecían demasiado y no perdía oportunidad de comprarle a sus pequeños nuevos crayones.
Sin embargo, ahora…
No pudo evitar dar un vistazo al último cuadro de papel.
La palabra “papá” escrita chuecamente.
Había sido su hijo Damián el artista en esta oportunidad y había acudido a su habitación personalment