Al inicio su vida sexual había sido un completo calvario.
Acababa de perder la virginidad, pero Darío la trataba como si fuera toda una experta en la cama.
Nunca le daba tiempo de acostumbrarse a la invasión repentina.
La penetraba de golpe y se movía igual de rápido.
Su intención era buscar su propio disfrute, no le importaba el de ella.
Pero, de cierta forma, se sentía aliviada de que ahora al menos la buscara, aunque fuera únicamente para tener sexo.
Un día, cansada de vivir bajo e