Darío no quería tocarla.
No necesitaba que se lo dijera con palabras, podía leerlo claramente en toda su cara.
Orena no dejaba de retorcerse los dedos, ansiosa, mientras se encontraba encerrada en el baño.
Se suponía que debía salir del cubículo y enfrentarse a su marido, quien debería estarla esperando en la cama.
Era su noche de boda, lo normal era que… hicieran cosas.
La madre de Darío le había comprado una hermosa pieza de lencería y no estaba muy convencida de que le quedara bien.
Su