Orena perdió la cuenta de todos los intentos de Darío por impedir esa boda.
La discusión que presenció en el despacho de Augusto Arison, fue el inicio de una serie de sucesos que le dejaron un agrio sabor de boca.
Padre e hijo se enzarzaron en una disputa que terminó con el puño de Augusto clavado en la mejilla derecha de su único hijo.
—Te casarás con ella y punto —vociferó el hombre fuera de sus casillas, mientras sujetaba el cuello de la camisa del muchacho y lo empujaba contra una mesa a