Natalia estiró los brazos en la cama y se encontró con el ancho y fuerte cuerpo de su esposo justo a su lado.
No pudo evitar sonreír al verlo con sus ojos cerrados, completamente apacible en medio de un sueño que parecía ser agradable.
Aún no se acostumbraba del todo al despertar con alguien a su lado.
Cuando vivía con Roberto, eran muy pocas las ocasiones en las que dormían juntos, ya que siempre debía marcharse por “trabajo”.
Ahora llevaba más de dos semanas durmiendo al lado de un hombre