Con un vestido rojo ceñido al cuerpo, Diana había abandonado la mansión Arison.
Se subió al auto y ordenó a su chófer llevarla al restaurante acordado.
Horacio la observó por el retrovisor con el entrecejo fruncido, mientras ella hacía su mejor esfuerzo por ignorarlo.
En su última conversación habían discutido.
Diana le había gritado que ya no quería seguir adelante con la relación clandestina que mantenían, mientras que Horacio se había mostrado reacio a dejarla.
—¿Qué puedo hacer para qu