Decir que aquello no la había destrozado era una gran mentira.
¿Qué mujer quería escuchar a su esposo decirle que amaba a otra?
Desde luego que todo esto era demasiado doloroso.
Y ni siquiera importaba su estado de ebriedad.
Nada justificaba su frialdad.
Roberto había dicho justamente lo que deseaba decir.
Se lo había escupido a la cara en realidad.
Amaba a otra.
Amaba a Natalia.
—Estás borracho —murmuró con la voz quebrada ante el dolor recibido.
Sin duda no parecía un buen momento para tratar