—¿Cómo te atreves a hacer semejante escena, Roberto? ¿Qué es lo que sucede contigo? —Un dedo con una uña muy afilada de color rubí se clavó en el pecho del hombre, mientras este agachaba la cabeza escuchando el sermón proferido por su esposa.
—Lo siento, Ana Paula —trató de decir Roberto—. No era mi intención nada de esto.
—¿Ah, no? ¿Entonces cuál era tu intención? ¡Ilumíname, por favor! —rugió ella, completamente fuera de sí.
Al parecer a la siempre perfecta e inmaculada Ana Paula Colmenares n