El ceño del hombre se frunció al instante. El enojo pareció ser el sentimiento que saltaba a la vista en su semblante, pero Natalia pudo notar rápidamente que había algo más en la superficie.
¿Decepción?
¿Dolor?
—Lo siento, Fabián. No quise…
—Está bien —alzó una mano, silenciándola—. Creo que fue justo lo que quisiste decir, Natalia. Así que será mejor que tratemos esto en otro lugar.
Natalia asintió, consciente de que era un tema delicado como para tratar enfrente de sus hijos.
—Ya vuelvo —les