La alarma sonó y Natalia rápidamente se levantó de la cama, dispuesta a comenzar su día con entusiasmo.
Se dio un corto baño y se dirigió a la cocina para dar indicaciones especiales a las cocineras sobre el desayuno que deseaba preparar esa mañana.
«Debía ser algo especial», se dijo a sí misma emocionada.
—Señora, lo lamentamos, pero no podemos permitir que usted…
—Shhh. Nadie tiene por qué enterarse —respondió cómplice, mirando al par de mujeres que pretendían negarle el acceso a la estufa y