El rechinar de la cama, acompañado de los sonidos obscenos que producían sus cuerpos al unirse, llenaba el silencio de la habitación.
—Mmm sí, un poco más rápido —gemía la mujer cada vez más fuerte.
El hombre tomó sus caderas con sus dos manos, mientras la embestía desde abajo con la firmeza y el empuje que le estaba solicitando.
Rápido.
Fuerte.
Más…
Mucho más…
—¡Sí! ¡Sí! ¡Oh, sí!
La cabeza de la mujer se echó hacia atrás, mientras disfrutaba de la contundencia de aquel orgasmo