Dejarla en paz. En resumen, según su madre, eso era lo que tenía que hacer si lo que quería era que estuviera mejor. Que tuviera una vida normal. No podía hacer tal cosa, no sin sentirse una mierda de persona. Ese era el único trabajo que Ciabel tenía que podía brindarle comodidad, puesto que estar fuera significaba arriesgarse a que los hombres de Víctor la busquen.
No quería dejarla sola, tampoco. Empero, dudaba que su presencia fuera más útil que su ausencia y odiaba, dios, odiaba ese hecho.