Una vez que por fin libera mis muñecas, poso mis manos sobre su pecho y lo araño con algo de fuerza, él se acerca a mí y hace que rodee su cuello con mis brazos al tiempo que me permite bajar mi pierna de su hombro, luego me levanta de la cama y me estampa contra la pared. Aprieta su cuerpo contra el mío, mis senos se restriegan contra su pecho, nuestros cuerpos están empezando a sudar.
—Astrid.... que bien se siente— Dice entre jadeos.
Hunde sus labios en mi cuello y empezá a pasar su lengua p