—Señor Baker... esto.... esto no puede ser, usted y yo no debemos tener sexo, no.… definitivamente no.
Arquea una ceja, confundido por mis palabras, luego se sienta en su lugar y me acerca a él, pongo mis manos sobre su pecho y deposito pequeños besos sobre él, luego levanto la mirada, ambos acercamos nuestros labios y nos besamos, pero apenas recupero la compostura, me alejo de él.
—Lo digo enserio señor Baker, usted es mi jefe y no puedo ni debo tener sexo con usted, no.… eso está mal, no es