Cualquier atisbo de sonrisa por su parte había quedado en el pasado después de recibir una llamada.
Ahora parecía tan huraño como siempre.
—No debiste entrar en esa maldita oficina —gruñó él cuando bajamos del auto ocasionando que yo chillara indignada.
—¿Estás diciendo que todo este ataque es por mi culpa y no por causa de que tú seas un maldito mafioso? —rugí sintiéndome yo también furiosa.
¿Quién demonios se cree que es?
Aaron me miró lleno de furia sin volverse por completo en mi dirección.