Cuando llegamos al centro comercial mi ánimo cambió.
—¿A dónde quieres ir?
—¿Vendrás conmigo? —arqueé una ceja mirándolo.
No lo veía acompañándome a comprar maquillaje.
—Mis hombres te acompañarán —hizo una seña detrás de mí y me sorprendí de verlos.
Ni siquiera me había dado cuenta que estaban siguiéndonos.
—Toma.
Me tendió una tarjeta negra y no pude evitar mirarlo con los ojos brillantes de la emoción.
—¿Cuál es el límite?
—¿Límite? Jodidamente ninguno, puedes comprarte el centro comercial s