El sol ya brillaba cuando Natália se despertó al oír un leve ruido en la habitación. Se giró somnolienta y se topó con Julieta, que entraba sonriente con una bandeja.
—Buenos días, señora —dijo la joven con voz alegre.
Natalia parpadeó varias veces, tratando de espantar el aturdimiento del sueño.
—Buenos días... ¿Dónde está Fernando? —preguntó, mirando a su alrededor, decepcionada por no tenerlo a su lado.
Julieta colocó la bandeja sobre la cama.
—El señor Fernando pidió que la dejáramos descan