A la mañana siguiente, cuando llegó a desayunar, solo se encontró con la señora Catarina y Carlos. Ambos la miraron de forma diferente. Carlos con esa mirada amable y preocupada y la señora Catarina con la mirada severa de quien la acusaba de no estar cumpliendo con su papel de esposa.
No preguntó por Fernando; al fin y al cabo, ella, más que nadie, debía saber dónde estaba. En cambio, preguntó por Mariana.
—Mariana se ha ido temprano hoy a montar a caballo —le informó la señora Catarina.
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