Capítulo 86

La cena continuó con breves discursos, brindis y música suave.

Laís, radiante, intercambiaba miradas discretas con Carlos, y Amália observaba todo con el corazón dividido entre la alegría y la incertidumbre.

Cuando el cuarteto comenzó a tocar una melodía más ligera, Fernando se levantó y le tendió la mano a Natália.

—¿Me concedes este baile?

Ella dudó un segundo, luego sonrió con delicadeza.

—Por supuesto.

Se dirigieron al centro del jardín, donde se había habilitado un espacio a modo de pista
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