Cuando terminó la música y las parejas aplaudieron, Carlos acompañó a Natália hasta la mesa donde Fernando estaba solo, con un vaso de whisky en la mano.
—Veo que os lo estáis pasando muy bien —dijo con una sonrisa fría, con la mirada clavada en Carlos—. ¿Ya habéis bailado bastante?
El tono cortante hizo que Carlos se sonrojara de vergüenza.
—Solo estábamos hablando, Fernando.
—¿Charlando? Pues no parecía solo charla. —Dejó el vaso con fuerza sobre la mesa y fulminó a Carlos con la mirada—. Cre