En su interior descansaban un velo de encaje fino, bordado a mano, con pequeños diamantes incrustados uno a uno, y un conjunto de collar y pendientes de diamantes que brillaban bajo la luz.
—Dios mío... —murmuró Natália, llevándose una mano al pecho.
—Es precioso —murmuró, y la emoción se apoderó de su corazón.
—El velo y las joyas pertenecieron a la madre de Fernando —explicó Catarina con suavidad—. Ella los llevó el día de su boda. Fernando dijo que le haría muy feliz que tú los llevaras el d