Carlos y Laís caminaban uno al lado del otro en un silencio que decía más que las palabras.
Al acercarse a la mansión, toda iluminada, se podían oír desde lejos las conversaciones y las risas. Llegaban más invitados, eran familiares de Fernando que habían venido desde lejos para la boda.
Cuando los dos entraron en el gran salón, casi pasaron desapercibidos. Natália estaba hablando con su madre y sus tías, y Fernando con algunos parientes.
Aunque intentaban pasar desapercibidos, Natália notó a