—No puedes hacerme esto.
— Puedo y lo he hecho. — La voz era afilada como una cuchilla. — Carlos, da las órdenes al haras.
— No te preocupes, Fernando. Es mejor así.
— ¡Carlos! Eres mi hermano, deberías defenderme.
Mariana lo miraba llena de rencor.
— Y eso es precisamente lo que estoy haciendo. — La voz de Carlos era firme, pero no autoritaria — Mientras esta situación no se resuelva, tienes que obedecer.
— Solo quiero distraerme un poco y todos saben que me gusta montar a caballo.
Natalia pe