Pero ahora, los pensamientos sobre Fernando se colaban en su mente, como sombras imposibles de alejar. Él la desafiaba, la provocaba, la ahogaba con esa mirada inquietante y, al mismo tiempo, seductora. Y, por mucho que Natália intentara mantenerse firme, se dio cuenta de que no sería capaz de resistirse a él por mucho tiempo. Lo que era suyo, aquello que guardaba para el hombre adecuado… parecía querer entregarse a Fernando, incluso antes de que ella pudiera decidirlo.
“¿Cómo puede ser esto?”,