El edificio corporativo era moderno, todo de cristal espejado y detalles metálicos. En el vestíbulo, ejecutivos y empleados iban y venían apresurados. Pero la llegada de Fernando supuso una pequeña ruptura en el ritmo frenético.
Algunas miradas se dirigieron inmediatamente hacia él y no era difícil entender por qué.
Elegante, imponente, con una fuerte presencia. Su porte altivo transmitía autoridad. Con pasos decididos entró en el ascensor; cada piso era un latido más fuerte. Fernando se sentía