Vanessa cogió el teléfono e hizo una llamada interna.
Al otro lado, Ricardo, al ver quién era, suspiró. Había pasado el día entre reuniones y llamadas con inversores, con el cansancio evidente en la mirada.
Vanessa lo esperaba en la sala, impecable con un vestido claro y el pelo suelto.
—Necesito hablar contigo —dijo ella, sin apartar la vista del portátil.
—¿Sobre qué? —Él esbozó una sonrisa forzada.
Vanessa cerró el ordenador y lo miró con ojos acusadores.
Ricardo parecía inquieto.
—¿Ha pas