Capítulo 185

La mañana siguiente entró implacable por los ventanales del ático, invadiendo la habitación con una luz demasiado blanca.

Vanessa se sentó en la cama, se pasó las manos por la cara y suspiró. El espejo frente a ella no perdonaba las profundas ojeras, los ojos hinchados.

Miró a su alrededor y no vio a Ricardo. No recordaba cómo había acabado en la cama; probablemente Ricardo la había llevado allí.

Con esfuerzo, se levantó y se dirigió al baño. Se dio una ducha y se arregló, eligió un conjunto el
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