Fernando negó con la cabeza, con la mirada perdida.
—Porque quizá ni siquiera me conteste. Y, si lo hace, no querrá escucharme. La he herido más de lo que imaginaba.
Carlos lo observó en silencio, pero el tono de Fernando era diferente al de aquella vez, sin arrogancia.
— ¿Y por qué crees que ella hablaría conmigo? —preguntó, tratando de disimular la sorpresa.
Fernando esbozó una pequeña sonrisa.
—Porque, muy pronto, seremos cuñados.
Carlos lo miró sorprendido, pero enseguida la sonrisa volvió