Vanessa, con un vestido dorado de alta costura, bajó las escaleras flanqueada por sus padres, el señor Otávio Mendonça, presidente del grupo, y la señora Estela Mendonça, siempre elegante y con expresión de superioridad.
Los flashes no paraban de disparar. Los periodistas gritaban su nombre.
Vanessa sonreía, acostumbrada a la atención, mientras su padre saludaba discretamente a los empresarios más influyentes de la ciudad.
Ricardo se acercó a ella, tendiéndole el brazo.
— Estás deslumbrante.
—L