Era de madrugada y Paula, en su habitación, hacía las maletas; no lloraba, no se desesperaba. Simplemente fue guardando sus cosas, pero con la certeza de que sería por poco tiempo y de que volvería.
En un rincón de la sala, doña María, la madre de Paula, lloraba, incapaz de aceptar lo que le estaba pasando a su hija; nunca imaginó que su única y querida hija, tan anhelada y esperada, les causaría a ellos, ya de edad avanzada, un disgusto tan grande.
Don Joaquim, el padre de Paula, intentaba cal