— Sí, es amiga de ella. Deje a mi esposa al margen de esto. — La voz de Fernando era más una orden que una petición; se pasó la mano por la cara, aturdido. — Ella... no tiene nada que ver con esto. Se lo garantizo.
El comisario lo observó con atención.
—Quizá no. Pero por ahora, no puedo descartar a nadie.
Fernando levantó la vista, serio.
—Entonces, ¿qué sabe de las demás?
—Mariana está en casa de Valéria Bragança —respondió el comisario, hojeando sus notas—. Está bajo vigilancia. Pero Paul