— No, señor —respondió, tragándose el nerviosismo.
—Entonces, por favor. —Amaral mantuvo la mano extendida hasta que ella, vacilante, lo sacó del bolsillo y se lo entregó.
El comisario cogió el móvil de Mariana y se lo entregó al investigador. Dias conectó inmediatamente el móvil al sistema del portátil que llevaba consigo. Tras unos clics, miró al comisario.
— Comisario… lo he conseguido. Ya tenemos la ubicación.
El comisario asintió lentamente.
—Excelente. —Se volvió hacia Mariana y le devolv