Natalia se estiró lentamente. Extendió la mano, tanteando el espacio a su lado, vacío. Abrió los ojos de repente, mirando a su alrededor. Fernando no estaba allí.
Un suspiro se le escapó de los labios. Tenía la esperanza de que, esta vez, cuando se despertara, él aún estuviera con ella.
Un ligero golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos.
—Adelante —dijo ella, acomodándose en la cama.
La puerta se abrió y Julieta entró, con la mirada baja y expresión aprensiva.
—Buenos días, señora. El s