La sala de reuniones de Apex Global Energy tenía vistas panorámicas a la Avenida Faria Lima. El sol atravesaba el cristal e iluminaba la larga mesa de cristal, donde ejecutivos, abogados y consultores se acomodaban, intercambiando saludos y carpetas.
Natalia se ajustó los auriculares de traducción y se colocó junto al equipo chino, cuya presencia era fundamental para el nuevo acuerdo de suministro de derivados del petróleo. Respiró hondo: otra reunión bilingüe.
Pero cuando se abrió la puerta y