Después de que se sirvieron los platos, Carlos se dio cuenta de su incomodidad y comentó, colocando los cubiertos con una elegancia inusual para un ambiente tan sencillo:
—Espero que no le importe. La carretera no ofrece muchas opciones sofisticadas.
Natália levantó la barbilla y cogió el tenedor.
—No me importa —dijo con firmeza—. Al fin y al cabo, la buena comida no tiene por qué servirse en platos de porcelana.
Él sonrió, satisfecho.
—Otra sorpresa. Pensé que frunció el ceño.
—Quizás no me c