Capítulo 100

Poco después de la partida de los últimos invitados, el silencio de la finca se sintió como un peso sobre los hombros de Natália. Las voces festivas se habían disipado, y lo que quedaba era un vacío difícil de llenar. Fernando se mantenía distante, siempre cortés cuando había alguien cerca, pero frío e impersonal cuando se quedaban a solas.

Durante el día, pasaba horas encerrado en el despacho. Las puertas de madera oscura permanecían cerradas y solo aparecía para las comidas; se sentaba a la m
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