Si él, cuando estuvo en Passelou, me hubiera dicho con esa seguridad que sí podía hacerlo, justo cuando yo decidí darle la última oportunidad, ahorita estaríamos viviendo juntos, abrazados, felices en casa.Pero no fue así.
Cada vez que le daba una oportunidad, él la dejaba pasar.
Y aún así, siempre me pedía otra.
¿Hasta cuándo iba a seguir dándole más oportunidades?
Al ver que no respondía, pensó que ya me había ablandado, y, con desesperación, me agarró del brazo.
—Mi amor, sé que la regué. ¡Te