David lo sintió.
Lo sintió claramente, lo mucho que odiaba estar cerca de él. Y también lo que esa sonrisa significaba, lo triste y dolorosa que era.
Esto lo hacía pensar más, lo ponía más nervioso, y cuanto más pensaba, más miedo sentía.
—Esmeralda, no hagas esto, lo que sea que esté pasando podemos hablarlo, sé que antes todo fue culpa mía, yo... —aún quería acercarse para abrazarme.
Solo abrazándome, sentía que podría llenar ese vacío tan grande, ese miedo tan terrible que tenía. Pero,