Martín luchaba por centrar su atención en el caso que tenía entre manos. Aunque lo intentaba, su mente no dejaba de divagar. Repetidamente, se cuestionaba si realmente había obrado bien al abrir su corazón y confesarle a Javier todo lo que sentía. La duda le corroía: ¿había sido correcto dejarse llevar por el impulso del momento, o había cometido un error del que ahora se arrepentía?
En ese instante, Constanza apareció en la puerta del despacho. Se apoyó de forma despreocupada contra el marco y