La sorpresa por la aparición de Samantha había caído como balde de agua helada no solo en Javier y su familia, si no también en la propia familia de la joven. Para algunos fue algo bueno para otros lo peor que pudo haber pasado, un castigo de la vida. Ese era el caso de Luciana.
—¡No puedo creer que esa estúpida haya vuelto! —espetó con desprecio frente a sus padres—¿No estaba muerta o algo así?
Gustavo frunció el ceño y posó una mano sobre el hombro de su esposa, Elena, que permanecía sentada