Luciana estaba encerrada en su habitación, fumando. Después de lo que había hecho se sentía un poco paranoica. Temía que, en cualquier momento, la policía viniera por ella.
Pero después repasaba una y otra vez todo, y creía que, salvo la enfermera nadie más la había visto.
—No. No creo que esa mujer haya podido verme tan bien como para describirme —murmuró, mientras encendía otro cigarrillo—. Tengo que calmarme o me van a descubrir.
Aún seguía balbuceando para sí misma, cuando su padre entró a