Podría ser que muchas veces la juventud e inexperiencia le jugara en contra a Samantha, pero poseía una intuición aguda que rara vez le fallaba.
Y con Gustavo, su plan había dado resultado.
Su tío, atrapado en una situación límite, no necesitó más de diez minutos para tomar una decisión. Era consciente de estar completamente cercado, sin escapatoria alguna. Las opciones eran claras: aceptar la propuesta de su sobrina o enfrentar una condena en prisión, algo para lo que no tenía el coraje suficiente.
Al asomarse a la puerta, pudo comprobar la vigilancia estricta: hombres apostados en ambos extremos del pasillo y, entre ellos, Braulio, una presencia que reforzaba la sensación de control y amenaza constante.
—Llamá a mi sobrina —le ordenó al asistente—. Decile que ya tomé mi decisión.
El otro hombre obedeció sin replicar y fue en busca de Samantha quien llegó poco después acompañada por Martín.
—Bien, te escucho tío —dijo ella, cruzándose de brazos—. ¿Qué decidiste?
—Lo haré —respondió e