Al llegar, el edificio parecía igual de imponente que siempre, pero algo había cambiado. O tal vez, la que había cambiado era ella.
La joven descendió del auto y caminó hacia la entrada con paso firme, sin dudar. Los empleados la saludaron con una mezcla de respeto y sorpresa. Nadie estaba acostumbrado a verla allí con esa energía que parecía que con cada paso podría derribar a cualquier rival.
Ya no era la heredera desaparecida ni era una mujer que estaba dispuesta a delegar decisiones incómod