—Disculpame Carlos, ¿te parece que mañana lo discutamos en el almuerzo? Creo que la ocasión lo amerita. No quiero privarte de disfrutar de esta maravillosa fiesta, aburriéndonos con los negocios. Tu esposa te está esperando —dijo Javier con una amabilidad calculada al inversor— ¿Qué opinas?
El otro hombre, asintió de buena gana.
—Me parece una gran idea, mi amigo —aceptó, sonriéndole amistosamente.
Javier hizo un leve saludo con su cabeza y se alejó apresuradamente. Martín lo siguió con la mira