Habían pasado varios días desde el accidente. Si bien Javier no había presentado una marcada mejoría, su salud se encontraba estable y eso, según los médicos, era un buen síntoma dentro del panorama incierto que se presentaba.
Tanto Samantha como Martín iban todos los días al hospital. El accidente de Javier, lejos de separarlos, los había unido aún más.
El abogado, como siempre, era quien le brindaba la estabilidad y el refugio emocional que ella necesitaba para mantenerse entera. No con grandes discursos ni promesas imposibles, sino con presencia. Con esa forma silenciosa de estar que no exige nada a cambio.
Pero no solo para ella.
También para Daniela y Sebastián.
Como si pudiera leer los pensamientos de su mejor amigo, Martín se había hecho cargo de ellos. De acompañarlos, de sostenerlos, de darles algo parecido a una normalidad en medio de ese limbo extraño que era el hospital. Les hablaba de Javier cuando eran chicos. De travesuras, de peleas absurdas, de tardes enteras jugando