POV: Helena Rothschild
Apenas crucé la puerta de la casa de mis padres, me fui directo a mi habitación. No podía respirar del coraje, de la impotencia, del asco que me carcomía por dentro. Agarré el florero más cercano y lo estrellé contra el suelo con tanta fuerza que el ruido retumbó por toda la casa.
—¡Maldita sea! —grité, sin importarme nada.
Minutos después, mi madre apareció en la puerta con su típica cara de ilusión, como si estuviera esperando buenas noticias. Al verla, me dieron ganas